Cada vez más las marcas entienden el valor de las estrategias creativas en la ciudad
Hoy, las experiencias de marca son más importantes que nunca. La atención es un recurso escaso: vivimos rodeados de estímulos, mensajes y propuestas. Muchas marcas hablan, pocas realmente logran que las escuchemos.
Si el ATL (Above The Line) se refiere a la publicidad en canales masivos como televisión, radio o carteleras, las estrategias BTL (Below The Line) se enfocan en audiencias más específicas y nichos concretos. ¿Y la famosa “línea”? Curiosamente, el término nació en el área de contabilidad de Procter & Gamble alrededor de 1954.
Con el tiempo, esa línea se volvió cada vez más difusa. Hoy hablamos de campañas TTL (Through The Line), donde los medios digitales y las nuevas formas de comunicación han borrado la frontera entre lo masivo y lo experiencial.
En ese contexto surge la IMC (Integrated Marketing Communication): aplicar un mismo mensaje de forma coherente a través de todos los canales y disciplinas —relaciones públicas, promoción, redes sociales, medios tradicionales y digitales—. Esta tendencia responde a una realidad clara: los medios “no tradicionales” dejaron de serlo. Plataformas como Facebook o Instagram ya son parte del estándar, mientras que los medios masivos se han vuelto interactivos o altamente especializados.
El contenido sigue siendo clave, pero el contexto lo es aún más. La narrativa, el momento y la forma de comunicar un mensaje son tan importantes como el mensaje mismo. La creatividad juega un papel central para captar la atención, generar conexión y construir recordación.
Afortunadamente, en ciudades como Guadalajara esto ya empieza a entenderse. Cada vez más marcas apuestan por contenido de mayor calidad, donde la creatividad deja de ser un “extra” y se convierte en un valor real.
Contar historias, generar identificación con el consumidor y diseñar experiencias memorables vale más que mil panfletos. Al final, una activación bien pensada, una experiencia bien ejecutada o una campaña con sentido deja huella. Y eso, sin duda, vale el esfuerzo.





